- El manifiesto reúne el apoyo de sindicatos, movimientos de vivienda, organizaciones ecologistas, colectivos de pensionistas y asociaciones vecinales de todo el Estado.
• Las firmantes exigen la paralización inmediata del desahucio previsto para el próximo lunes 23 de febrero.
• Paca Blanco, de 77 años, se enfrenta a una orden de desahucio de la EMVS tras más de diez años residiendo en una vivienda pública en la que ha intentado regularizar su situación.
Más de 150 organizaciones y colectivos de todo el Estado han firmado el manifiesto de apoyo a Paca Blanco. Denuncian la orden de desahucio recibida por la histórica activista y exigen al Ayuntamiento de Madrid y a la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) que reconozcan su derecho a permanecer en su hogar.
El manifiesto, suscrito por sindicatos, movimientos de vivienda, organizaciones ecologistas, colectivos de pensionistas y asociaciones vecinales, señala que el caso de Paca Blanco no es un hecho aislado, sino la expresión de una dinámica estructural que expulsa a las clases populares de sus barrios.
“Paca Blanco es la cara visible de esta práctica descarnada que despoja a muchas personas de un derecho esencial: una vivienda digna”, destacan las organizaciones firmantes.
Recuerdan la trayectoria de Paca como referente en las luchas sociales, ecologistas, feministas y por el derecho a la vivienda. Subrayan su compromiso sostenido durante décadas en defensa del territorio, el medio ambiente y la dignidad de las personas. El intento de desahucio supone una injusticia especialmente grave contra una persona que ha dedicado su vida a la defensa del bien común.
El amplio respaldo recibido refleja el reconocimiento social hacia Paca Blanco y la creciente preocupación por la crisis de vivienda. Desde las organizaciones firmantes se insiste en que la solución es clara y está al alcance de las instituciones: paralizar el desahucio, reconocer su derecho a la subrogación en el contrato y garantizar un alquiler social adecuado a sus ingresos, tal como ella misma ha solicitado durante años.
Las firmantes concluyen que la defensa de Paca es también la defensa de un derecho fundamental. Como señala el manifiesto, reconocer su derecho a permanecer en su hogar implica defender el derecho a la vivienda de toda la clase trabajadora y garantizar condiciones de vida dignas para todas las personas.
Una vida de lucha frente a un nuevo desahucio
Paca Blanco se fue a vivir junto a su hijo al piso de la EMVS que le habían adjudicado. Su hijo se marchó y desde ese momento Paca intentó subrogarse en el contrato. Ha tratado que el Ayuntamiento de Madrid le permita regularizar su situación, algo que se le ha negado, a pesar de haber pagado el alquiler durante el último año.
La trayectoria de Paca ha estado marcada por el compromiso social desde el ecologismo, la lucha antinuclear y el movimiento de vivienda. Su vida ha estado también atravesada por la precariedad y la persecución política. De joven sufrió el internamiento forzado en instituciones del franquista Patronato de Protección a la Mujer. Años después fue expulsada de su vivienda, en la localidad extremeña de El Gordo, cuando era coordinadora de Ecologistas en Acción en ese territorio y lideraba la campaña contra el resort de lujo Marina de Valdecañas.
A sus 77 años y con un estado de salud delicado, Paca se enfrenta ahora a una orden de desahucio, prevista para el próximo lunes 23 de febrero. De hacerse efectivo, la empujarían a la calle o a un nuevo internamiento en una institución para mayores.
Las organizaciones y personas firmantes advierten de que el desahucio de Paca Blanco tendría una enorme gravedad social y simbólica. Como recoge el manifiesto, “Paca lleva toda su vida defendiendo lo que es de todas. […] Exigimos que se reconozca su derecho, y con ella el de toda la clase trabajadora, a una vivienda digna, con un alquiler social adecuado a sus ingresos, y a una vida decente para todas las personas”.
Manifiesto por el derecho a la vivienda: no al desahucio de Paca Blanco
Una vez más nos enfrentamos a un desahucio. No es el primero, pero debería ser el último.
Nuestra compañera Paca Blanco es la cara visible de esta práctica descarnada que despoja a muchas personas –hoy le toca a ella– de un derecho esencial: una vivienda digna.
Ciudades como Madrid se han convertido en centrifugadoras que expulsan a las personas a través de procesos de gentrificación, turistificación y conversión de la propia ciudad, hasta su último rincón. El mercado de la vivienda se constituye en uno de los elementos de generación de riqueza y desigualdad más importantes, dejando el valor social de la vivienda en una caricatura.
El uso financiero de la vivienda es una lucha de clases porque constituye un mercado en el que los grandes capitalistas generan beneficios extremos, las clases medias copan parte del pastel acumulando inversiones mientras las clases populares se ven expulsadas.
La ley no protege a los sectores que realmente lo necesitan, tampoco las medidas paliativas como los decretos de escudo social: el caso de Paca forma parte de la mayoría de desahucios judiciales (tres de cada cuatro), que no se están viendo detenidos por estas medidas. La vivienda social es insuficiente y la construcción de vivienda protegida, en muchos casos, solo ha sido una forma de garantizar el negocio de venta de vivienda para las clases medias.
Ante esto, los movimientos de vivienda han desempeñado un papel central en la lucha por mantener y recuperar este derecho esencial. La histórica ecologista Paca Blanco llega a estos movimientos de lucha por la vivienda hace más de 10 años. Hasta ese momento, su papel contra las centrales nucleares, contra las falacias de las grandes corporaciones energéticas, contra el desastre medioambiental que representa el resort de lujo Marina Isla Valdecañas, sus reivindicaciones feministas, su militancia política y su activismo en defensa del territorio y la naturaleza la habían llevado a enfrentarse, en no pocas ocasiones con graves consecuencias personales, con los poderes fácticos.
Paca es una de las miles de historias de precariedad: una mujer que ha trabajado toda su vida, se ha entregado a luchas ecologistas y sociales y ha sacado adelante a cinco hijos. Una mujer con una actividad social de primer nivel y que tiene el reconocimiento de sus compañeras en Madrid, en Extremadura y en todo el Estado español.
Paca sufrió el internamiento en el Patronato de la Mujer del franquismo, donde miles de niñas y mujeres fueron encarceladas y torturadas sin proceso ni defensa, donde se robaron niños y se intentó disciplinar a las mujeres de las clases más desfavorecidas.
Paca no se dejó disciplinar, pero hereda la persecución a la que toda su clase ha sido sometida: precarización laboral, dificultades económicas y carencia de vivienda. No es la primera vez: Paca ya fue expulsada de una vivienda que había comprado en El Gordo, Extremadura, cuando era coordinadora de Ecologistas en Acción en ese territorio y lideraba la campaña contra el resort de lujo Marina de Valdecañas. Ello le costó la persecución política y la agresión de los sectores más reaccionarios, que la amenazaron e intentaron quemar su vivienda.
Desde entonces, Paca vive en una vivienda de la EMVS que le habían adjudicado a su hijo. Ella lleva años tratando de subrogarse en el contrato y hacer frente al pago de la renta mensual sin que el Ayuntamiento de Madrid y en concreto la EMVS se lo haya permitido, en la línea por desgracia habitual que afecta a centenares de casos más de precaristas en viviendas municipales madrileñas. Ahora quieren desahuciar a Paca. Otra vez las instituciones intentan doblegarla, arrebatándole su hogar y empujándola a la calle o a un nuevo internamiento en una institución para mayores.
Paca representa a los colectivos de vivienda, al ecologismo, a la lucha antinuclear y a la lucha política.
Paca lleva toda su vida defendiendo lo que es de todas. Ahora, esos mismos colectivos y luchas junto al resto de firmantes de este manifiesto, exigimos que se reconozca su derecho, y con ella el de toda la clase trabajadora, a una vivienda digna, con un alquiler social adecuado a sus ingresos, y a una vida decente para todas las personas.
Paca somos todas.


