Estábamos mal y ahora estamos peor. Madrid vive una crisis de vivienda sin precedentes. Vemos cómo los precios del alquiler no paran de subir y cómo comprar una vivienda es directamente prohibitivo, mientras aumentan el hacinamiento, los contratos basura y los abusos de los caseros. Para nosotras, la crisis de vivienda ya no es solo un problema habitacional: se ha convertido en una máquina de empobrecimiento, expulsión y control de nuestras vidas. Los parches ya no valen, esto es insostenible. Por eso, pase lo que pase con la votación del Real Decreto 8/2026, el próximo 24 de mayo saldremos a las calles en una gran movilización bajo el lema “La vivienda nos cuesta la vida. Bajemos los precios”.
Hemos visto cómo el alquiler ha subido en Madrid más de un 50% en los últimos cinco años, con un coste medio de más de 1.500 euros al mes. En nuestro caso —y en el de tantas—, más del 70% del salario se va en pagar el alquiler: trabajamos la mayoría de los días para el casero. Mientras tanto, las administraciones públicas siguen sin responder con firmeza, llegando tarde y mal cuando llegan.
También vemos cómo la derecha y la ultraderecha intentan desviar el problema, señalando a la población migrante, a la ocupación o a las pensionistas como culpables, buscando enfrentarnos entre quienes estamos en situaciones similares. Intentan incluso enfrentarnos a inquilinos y propietarios, cuando sabemos que muchos pequeños propietarios también están cansados de este modelo que transforma barrios en parques turísticos y hace imposible que sus familiares, vecinas y amigos puedan vivir dignamente.
Pero el racismo y los discursos de odio no ocultan la realidad. Esta crisis ha sido provocada y sigue siendo sostenida por rentistas, inmobiliarias, fondos, bancos, empresas de alarmas y grandes conglomerados inmobiliarios, junto con gobiernos e instituciones que han favorecido este modelo con políticas que benefician la especulación.
Por todo ello, decimos alto y claro que al rentismo y a todos sus satélites se les ha acabado el chollo. Hacemos un llamamiento a la desobediencia, a resistir activamente frente a los ataques que vacían nuestros barrios. Tenemos claro que la solución pasa por apoyarnos entre vecinas y vecinos y defender nuestras casas.
No podemos más, esto es insoportable. Si nos quieren fuera, nos tendrán enfrente. No vamos a permitir que nos expulsen de nuestros barrios. Vamos a acabar con su negocio.
Porque la vivienda no puede ser un negocio. No puede costarnos la vida. Y esto lo vamos a demostrar con la fuerza que tenemos cuando nos juntamos. Queremos que nos hagamos más visibles aún durante este mes, hasta la manifestación, mostremos nuestro rechazo a un modelo inmobiliario que destroza barrios, familias y vidas. Ya lo hemos hecho antes.
Esta manifestación es de todas nosotras, como vecinas, seamos propietarias o inquilinas, porque creemos que hay que acabar con el modelo especulativo de la vivienda. Sabemos que esta crisis no es un problema sectorial, sino estructural. No podemos más. Esto es insoportable. Nos quieren fuera y hacen negocio con nuestras vidas. Y no lo vamos a aceptar.
Porque la vivienda no debería costarnos la vida.



