El próximo viernes 13 de febrero, a las 7 de la mañana, está previsto el cuarto intento de desahucio de Mariano Ordaz, vecino de la calle Carnero nº 1. Desde el Sindicato de Inquilinas denunciamos públicamente esta situación y señalamos directamente a la Venerable Orden Tercera de San Francisco (VOT) como responsable.
Mariano lleva 67 años viviendo en su casa. Estamos ante un vecino de toda la vida que cobra una pensión y que puede asumir un alquiler acorde a sus ingresos. Lo único que hemos exigido es una negociación para establecer un alquiler que pueda pagar con su pensión. La VOT se ha negado sistemáticamente.
La propiedad justifica el desahucio alegando la necesidad de realizar obras. Pero el grave deterioro del inmueble es consecuencia directa de años de abandono y dejadez por parte de la propia VOT. Humedades estructurales, baño y cocina inutilizables, condiciones de insalubridad sostenidas en el tiempo. El pasado 8 de noviembre se produjo el derrumbe del techo de la cocina. Mariano se salvó de milagro. Ahora pretenden utilizar ese mismo abandono como excusa para expulsarle.
Desde el Sindicato lo decimos claro: esto es acoso inmobiliario. Es la estrategia de dejar deteriorar las viviendas, presionar a las inquilinas e inquilinos y, cuando la situación es insostenible, ejecutar el desahucio para vaciar y rentabilizar el edificio.
La VOT no es una pequeña propietaria vulnerable. Es una gran entidad vinculada a la Iglesia católica, con un importante patrimonio inmobiliario —por el que no paga impuestos— y que gestiona hospitales y centros sanitarios como el Hospital VOT San Francisco de Asís. Tiene recursos de sobra para garantizar alquileres asequibles y mantener sus edificios en condiciones dignas. Lo que falta es voluntad política y social.
Desde el Sindicato de Inquilinas exigimos la suspensión inmediata del desahucio y la negociación de un alquiler acorde a la pensión de Mariano. Defendemos el derecho a la vivienda por encima de los intereses especulativos, vengan de fondos de inversión o de instituciones religiosas.
Si tocan a una, respondemos todas. La vivienda es un derecho, no un negocio.


